Protección frente a infecciones aerógenas para autónomos

Quien no puede transferir sin más la responsabilidad de su trabajo a otras personas tiene interés en mantener su capacidad de rendimiento. La base de esa capacidad es la salud. En particular, en las fases en las que el trabajo no debería quedar sin atender, una protección propia suficiente frente a las enfermedades forma parte de los deberes tanto hacia uno mismo como hacia los clientes.

Mientras que la protección frente al contagio por alimentos, agua, contactos sexuales o infección por contacto ya goza de aceptación social, la situación aún deja bastante que desear en lo que respecta a la protección frente a la infección aerógena, es decir, la transmitida por el aire.

Sin embargo, dado que las vías de infección por el aire —a través de gotículas o aerosoles— están ya bien investigadas y existen técnicas de protección adecuadas, también aquí es posible evitar el contagio, y por ello resulta aconsejable, a fin de evitar riesgos de responsabilidad innecesarios.

Aquí se aplica el principio del «queso suizo»: cada capa de protección frente a la infección tiene agujeros, igual que una loncha de ese queso, pero al superponer estas medidas se crea una barrera prácticamente impenetrable frente al contagio.

Según el escenario, estas medidas de protección incluyen:

  • Una mascarilla bien ajustada
  • Una vacunación adecuada
  • Mantener la distancia, en particular con personas sintomáticas
  • Ventilación
  • Filtración HEPA
  • Realizar pruebas

Los escenarios típicos son:

  • Citas profesionales
  • Citas privadas
  • Viajes

El esfuerzo que requiere una protección óptima es, sin duda, considerable, pero por regla general se amortiza tras salvar apenas unos pocos encargos. Las medidas de protección descritas ayudan a evitar enfermedades y responsabilidades, preservando así la propia capacidad de rendimiento y, con ello, protegiendo también a las personas del entorno.

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